Opinión

Palabras, palabras, palabras

Opinión de Nicolás Samper sobre Jorge Enrique Vélez, presidente de Dimayor.

Columnista Futbolred Foto:A. particular


27 de mayo 2020, 02:13 p. m.
Cada quién, a partir de sus propias determinaciones, construye su camino, bien sea hacia el cielo o al infierno. Y el caso de Jorge Enrique Vélez es imposible encontrar un dirigente que a partir de sus propios dichos se haya hecho tanto daño. Es como si su propia idea de supervivencia en el mundo dirigencial no existiera. Y realmente no tiene eso mucho que ver con relacionarlo con un carácter sanguíneo que haga que los filtros puedan fallar de vez en cuando. O bueno, también. Es más una especie de extraña megalomanía en la que a partir del poder conferido en una posición, el protagonista de esta historia se ha sentido invulnerable.
Y en ese punto es que Jorge Enrique Vélez se ha equivocado clamorosamente. De ahí que se haya transformado en uno de los personajes más controvertidos en los últimos años en el seno de la Dimayor por su propia responsabilidad. Es difícil encontrar alguien cuyas propias palabras lo hayan puesto más en jaque.

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La memoria, que a veces todo lo puede, se ha encargado de recordarle sus resbalones dialécticos sucesivos: aquella sentencia en la que, a partir de una iniciativa del parlamento para que fuera transmitido un partido de TV en señal abierta lo dejó mal ubicado. Su famoso dicho en el que decía que si eso pasaba le iba a pasar la factura de los partidos al gobierno fue un cincelazo que se pegó en el dedo meñique, ante la opinión pública y ante el mismo gobierno. En ese instante se sintió el quiebre, que después fue manifestado por Ernesto Lucena, Ministro del Deporte: "Son declaraciones que no se compadecen con la realidad con un deporte que tiene que ser colaborativo. Entiendo que hay intereses como una empresa privada, pero una respuesta así al Gobierno, al Presidente y al Ministro no fue acertada, no fue bien pensada. Mire las vueltas que da la vida. El Gobierno es el que puede salvar al fútbol colombiano”.
Y así fue cómo el mismo Vélez terminó complicando las cosas. Luego, obvio, se arrepintió de sus dichos y pidió ayuda gubernamental en tiempos de Covid-19 porque por culpa de ese extraño virus la situación del fútbol se complicó no solamente en Colombia, sino en el mundo entero y aunque la evidencia de que el panorama iba a tornarse más que difícil para el gremio, para los clubes y demás, él mismo se encargó en algún instante de subvalorar comentando que a él “el coronavirus no le preocupa”. En aquellos tiempos varios clubes afiliados a la Dimayor continuaban en prácticas -caso Cúcuta Deportivo- a pesar de las recomendaciones y las cifras vertidas más allá de las fronteras.
Tal vez sin quererlo, propició un choque de trenes, un divorcio entre el estado y la Dimayor. Sus intervenciones, en las que en efecto trató de bajar su perfil no resultaron tan convincentes. La credibilidad había quedado en entredicho, tanto que al final, de manera directa, lo quitaron del camino deslegitimándolo como vocero.
Y él fue el único responsable.
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