En dos meses ocurrió todo. En el fútbol aplica también la misma máxima que se utiliza en el curso de las revoluciones... un día es un año y un año un siglo. El 6 de mayo del año anterior Barahona se daba el lujo de ponerse al frente de los arcos del Estadio Maracaná.
David Ospina había sido expulsado en el juego de ida ante Fluminense por los octavos de final de la Copa Libertadores y por eso Óscar Quintabani le daba la cuota de respaldo a uno de los artífices de su título con el Deportivo Pasto. Ese día el golero nacionalista tuvo una aceptable presentación a pesar de recibir el gol de la derrota en Río de Janeiro por intermedio de Roger.
Nueve semanas después, sin ser la de pasión, sería crucificado. Era el primer partido de la era Barrabás Gómez y el estadio El Campín fue el 'Calvario' para Nacional que se tragó cinco a manos de Independiente Santa Fe. Ese día, 19 de julio de 2008 para ser exactos, el que estaba en el medio era Carlos Barahona. ¿La sentencia? Condena al ostracismo.
Barrabás hizo siete cambios para el siguiente partido, fue ante Once Caldas, y el ex arquero campeón con el Deportivo Pasto nunca volvería a cantar los himnos oficiando como inicialista. Ocho meses después, aparece una luz en el camino.
Ante las fuertes críticas contra el titular Eduardo Blandón, no sería sorpresa que el arquero vallecaucano regresara al arco verdolaga. Sin embargo, Barahona siente que el tratamiento que le dieron fue injusto.
"Es muy injusto lo que pasó conmigo pero el fútbol es así. El cuerpo técnico es el que toma las decisiones y contra eso no podes hacer nada. Uno se siente inconforme por lo que pasó pero adelante hay un compañero que está actuando y a uno le toca esperar", afirmó Barahona que también militó en el Cortuluá donde debutó como profesional en 1998.
Injusta y desagradecida como la profesión de arquero. Muchos recuerdan las dos muertes de Moacyr Barbosa, golero de la Selección brasileña que sufrió el histórico revés en la final de la Copa Mundial de 1950.
Una, la condena de todo un pueblo el 16 de de julio del 50 cuando Ghiggia clavó el gol de la victoria para los uruguayos y la física, el 8 de abril de 2000 cuando se liberó de la cadena perpetua impuesta por los brasileros. Algún día en la calle una mamá le dijo a su hijo, "ese es Barbosa, el hombre que hizo llorar a un país".
Por eso, viene como de molde, la respuesta de un aficionado a otro que apuntaba con voz fuerte al técnico Suárez cuando este ingresaba al camerino sur, sitio de encuentro por excelencia, "cambia al arquero que Blandón nos enterró." Suárez siguió caminando con paso ligero mientras el otro hincha le replicaba al que lanzó el reproche, "nos enterraron todos, o ¿es que el arquero también tiene que hacer los goles?..."
Juan Diego Ortiz Jiménez
Especial para Futbolred