Si bien los partidos más importantes de la temporada, los de las finales semestrales y la gran final anual, fueron un encargo para los pitos reconocidos y de trayectoria como Francisco Peñuela, Hernando Buitrago y Óscar Julián Ruiz, el desarrollo de la Copa Premier 2009 dejó ver una buena cantidad de nuevos árbitros que, en general, realizaron un buen trabajo. Claro, en las condiciones del torneo de ascenso, en el que las exigencias no son menores en lo técnico, pero sí hay mucha menos presión.
Es que, se sabe, la mayoría de los encuentros de la Primera B se juegan a puerta cerrada o con una mínima cantidad de público (entre 100 y 500 aficionados) que no ejercen la presión que se da, por ejemplo, en un escenario con 25 ó 40 mil espectadores. Además, la presencia de los medios de comunicación es mínima y cuando se da es para brindarle un respaldo irrestricto al equipo de la casa, lo que en ocasiones facilita la labor del equipo arbitral.
Dado que la actividad de la Primera B prácticamente no se registra en los medios de comunicación de alcance nacional, que los noticieros casi nunca ofrecen imágenes de los partidos, los eventuales errores de los árbitros pasan inadvertidos para el aficionado. Y eso, claro, contribuye a que no haya escándalos, a que el trabajo se pueda cumplir de una manera más cómoda y que, como se vio a lo largo de la temporada, se observen arbitrajes de un nivel más que aceptable.
También contribuye, en gran medida, la actitud de los futbolistas. Dado que no hay público en las tribunas para ejercer presión sobre el árbitro y sus decisiones, los jugadores también se olvidan en ocasiones de darle rienda suelta al libreto tragicómico que fecha a fecha se ve en la máxima categoría del fútbol profesional colombiano. En otras palabras, en la B de nada sirven las payasadas de lanzarse al piso, retorcerse como si convulsionara y gritar con desespero, simplemente porque nadie las celebra.
Por el contrario, el hincha que asiste a estos partidos recrimina ese tipo de actitudes y, de paso, le da una mano al equipo arbitral. Los que a veces se alejan de su rol, se salen de casillas y la emprenden contra los auxiliares, principalmente, son los entrenadores. Sin embargo, son una minoría y las repetidas sanciones, cada vez más severas en la cantidad de fechas de inhabilitación, tarde o temprano provocan el efecto esperado.
Lo cierto, en todo caso, es que el arbitraje del torneo de ascenso, al menos en este 2009, dejó un buen balance. Así, gracias a sus méritos y a la confianza que les brindó la Comisión Arbitral, los nombres de Ervin Otero (Meta), Gustavo Murillo (Chocó), Jaime Hernández (Quindío), Juan Pontón (Magdalena) y Sebastián Restrepo (Caldas), entre muchos otros, se hicieron familiares para los seguidores de la Primera B. En total, incluidos los 'clase A', en este segundo semestre actuaron 59 árbitros que se distribuyeron los 190 partidos disputados.
Otero fue el más activo de todos, con 9 partidos. Fueron 4 en Bogotá (2 con Academia y 2 con Bogotá), 2 en Bucaramanga y Tunja (Patriotas) y el restante en Floridablanca (Real Santander). En esos juegos, el local ganó 7 veces y se produjeron 2 empates, sin triunfos visitantes. Se registraron 26 goles (11 en los primeros tiempos y 15 en los segundos, 21 de los locales y 5 de los visitantes), sin autogoles. Exhibió 63 tarjetas amarillas (29 para jugadores locales y 34 para visitantes) y 13 rojas (4 y 9).
El segundo renglón fue para Murillo, que participó en 8 encuentros. Tuluá e Itagüí fueron las plazas que lo vieron dos veces, mientras que actuó en una ocasión en Bogotá (Academia), Cali (Dépor), Zipaquirá (Expreso Rojo) y Palmira. En esos partidos se cantaron 16 goles (7 en los primeros tiempos y 9 en los segundos, y 6 de locales y 10 de visitantes). Además, mostró 42 cartulinas amarillas (20 para locales y 22 para visitantes) y 7 rojas (4 y 3). Solo en una oportunidad ganó el local, hubo 3 empates y 4 victorias visitantes.
El tercero del escalafón fue Hernández, presente en 7 jornadas. Villavicencio (Centauros) y Soacha (Juventud) lo vieron dos veces y las restantes fueron en Tuluá, Cali (Dépor) e Itagüí. En seis ocasiones se dio triunfo del dueño de casa, no hubo empates y sí una victoria ajena. Los 23 goles que validó fueron 10 en los primeros tiempos y 13 en los segundos, 17 de locales y 6 de visitantes. Las 45 amarillas que elevó fueron 19 para locales y 26 para visitantes, mientras que las 6 rojas se repartieron en una y cinco, respectivamente.
Pontón, Restrepo, Gustavo González (Antioquia), Carlos Anaya (Santander), Leonardo Preciado (Quindío), Bráyner Escobar (Atlántico), Freddy Rincón (Norte de Santander) y Nicolás Gallo (Caldas) fueron el grupo de árbitros con 6 partidos pitados en esta Copa Premier II. También figuraron los ya conocidos Carlos Betancourt (Valle), con 4 presencias, y Wilson Lamoroux (Meta), con 2; sin embargo, los suyos fueron arbitrajes en general cuestionados, pese a la experiencia que acreditan.
Si bien es mucho el camino que hay por recorrer en el arbitraje colombiano, es indudable que el nivel ha mejorado notoriamente en las últimas temporadas. Eso, obviamente, es fruto del trabajo de base y de fogueo que tiene al torneo de ascenso como su gran banco de pruebas. De allí no solo surgen jugadores jóvenes que luego van a engrosar las nóminas de los mejores equipos del país; también se muestran las nuevas caras del arbitraje.