La historia entre James Rodríguez y Real Madrid está llena de amor/odio. Con el paso de los años, el colombiano ha pasado de ser un talento de primer nivel a una ficha más, casi apartada, de Zinedine Zidane.
Por la falta de minutos tuvo que emigrar al Bayern y por cosas del destino tuvo que enfrentar al conjunto merengue, en las semifinales de la Champions League.
Jusrtamente dos años atras, un primero de mayo del 2018, alemanes y españoles definían al primer finalista de la máxima competición europea. En la ida, el Madrid pegó primero tras ganar 2-1 en el mismísimo Allianz Arena, motivo por el que la fiesta estaba preparada en El Bernabéu.
Los bávaros se pusieron rápidamente en ventaja con anotación, a los dos minutos, de Kimmich. Rápidamente empataron los locales y así culminaría la primera parte. Al reanudarse el compromiso, Ulreich cometió un grosero error que cobró Benzema y las tribunas explotaron en júbilo.
Pero la vida, curiosa como nada, le tenía guardada una revancha a James. Firmó el empate con un efectivo remate sobre el cuerpo de Navas y le devolvió la vida al Bayern. A pesar de ello, tal y como lo había mencionado en rueda de prensa, el colombiano no se inmutó con su anotación y de inmediato volteó a la gradería para pedir perdón.
La inexorable ley del ex había hecho su aparición.